Comentario al Evangelio según San Mateo 7, 21. 24-27


Jueves I Semana

Tiempo de Adviento

3 de Diciembre de 2020

San Francisco Javier, Presbítero


Evangelio


El que cumple la voluntad de mi Padre entrará en el Reino de los cielos.


+Del santo Evangelio según san Mateo 7, 21. 24-27


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.


El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.


El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”.



Comentario al Evangelio


Nos situamos al final del sermón de la montaña, en donde Jesús nos invita a construir no sólo con palabras sino con obras: “No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’… sino el que cumpla la voluntad de mi Padre”. Nos advierte sobre el modo de construir, invitándonos a escuchar su palabra y ponerla en práctica, obrando prudentemente y sobre roca. Edificar sobre arena es exponernos imprudentemente a un derrumbamiento lastimoso.

Cfr. Actualidad Litúrgica n. 259

Reflexionamos


· ¿Escuchas la Palabra de Dios?

· ¿La pones en práctica?

· ¿Sobre qué construyes tu vida?


Nos comprometemos


Solidaridad: La palabra solidaridad procede de la voz latina solidus, que designaba una moneda de oro sólida, consolidada, no variable. De ahí derivaron en castellano los términos soldada, soldado, soldar, consolidar, solidez y, a mediados del siglo XIX, solidario y solidaridad.


Gustavo Villapalos y Alfonso López, El libro de los valores, Ed. Planeta, 2001.



Solidaridad con los descendientes


El hombre es un ser histórico: vive como persona, creativamente, merced a las posibilidades que le han transmitido las generaciones anteriores, y él debe entregar el fruto de su trabajo a las generaciones siguientes.


El sultán sale un mañana rodeado de su fastuosa corte. A poco de salir encuentran a un campesino, que planta afanoso una palmera. El sultán se detiene al verlo y le pregunta asombrado.

-¡Oh, cheikk (anciano)!, plantas esta palmera y no sabes quiénes comerán su fruto… muchos años necesita para que madure, y tu vida se acerca a su término.

El anciano lo mira bondadosamente y luego le contesta:

¡Oh, sultán! Plantaron y comimos; plantemos para que coman.

El sultán se admira de tan grande generosidad y le entrega cien monedas de plata, que el anciano toma haciendo una zelma, y luego dice:

-¿Has visto, ¡oh, rey!, cuán pronto ha dado fruto la palmera?

Más y más asombrado, el sultán, al ver cómo tiene sabia salida para todo un hombre del campo, le entrega otras cien monedas.

El ingenioso viejo las besa y luego contesta prontamente:

-¡Oh, sultán!, lo más extraordinario de todo es que generalmente una palmera sólo da fruto una vez al año y la mía me ha dado dos en menos de una hora.

Maravillado está el sultán con esta nueva salida, ríe y exclama dirigiéndose a sus acompañantes:

-¡Vamos…, vamos pronto! Si estamos aquí un poco más de tiempo este buen hombre se quedará con mi bolsa a fuerza de ingenio.

Carolina Toval, Los mejores cuentos juveniles

de la Literatura Universal, Ed. Labor 1965, vol. II.



San Francisco Javier, Presbítero


Oriundo de Navarra, Francisco Javier es uno de los primeros compañeros de san Ignacio de Loyola en la Universidad de París. En 1541 lo designan para predicar el Evangelio en las Indias Orientales (portuguesas): evangeliza la India, Ceilán (Sri Lanka), las islas Molucas y el Japón. Muere a la vista de China, totalmente consumido por la pasión de buscar la gloria de Dios y la salvación de todos los hombres. Él quería comunicar a la humanidad esta pasión soberana.



V. Continuaré, Oh Dios mío

R. ¡Haciendo todas mis acciones por tu amor!


V. San Juan Bautista de la Salle

R. ¡Ruega por nosotros!


V. Viva Jesús en nuestros corazones

R. ¡Por siempre!

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