Comentario al Evangelio del 30 de junio

Martes XIII Semana

Tiempo Ordinario

30 de Junio de 2020

Evangelio

Dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.

+ Del santo Evangelio según san Mateo 8, 23-27

En aquel tiempo, Jesús subió a una barca con sus discípulos. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca, pero él estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!”.

Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”. Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados decían: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?”.

Comentario al Evangelio

A partir de hoy iniciamos una serie de milagros por parte de Jesús. Hoy es la tempestad calmada, en donde vemos que Jesús va dormido, descansando y es despertado por sus discípulos quienes llenos de temor piden que los salve de ese peligro. La palabra de Jesús se hace presente y calma el viento y el mar, no sin antes recriminar a los discípulos su poca fe. Desde el momento en que Jesús llama a sus discípulos no les dice que los librará de las tempestades y los problemas, sin embargo nunca los deja solos, está con ellos en la barca y en todo momento.

Cfr. Actualidad Litúrgica n. 274.

Reflexionamos

· ¿Estás con Jesús en su barca?

· ¿Lo conoces y confías en Él?

· ¿Eres hombre de poca fe?

Nos comprometemos

Ser responsable: Ser responsable no se reduce a cumplir los deberes. Es una actitud de constante disposición a responder positivamente a la apelación de los valores, por exigente que sea.

Esa prontitud es tanto más necesaria cuanto más elevada es la posición social de uno y más cargada se halla de responsabilidades.

Gustavo Villapalos y Alfonso López Quintás,

(El libro de los valores, 2001).

El miedo es libre

Es frecuente que a los novios les entre miedo cuando se acerca el momento de la boda. Hay una película en la que el protagonista –una chica maestra- confiesa sus miedos a la dueña de la pensión en la que vive. Y ella le dice:

-Cuando yo iba a casarme, me entró tal miedo que me escapé.

-¿Y qué ocurrió? –pregunta la maestra.

-Gracias a Dios, él vino a buscarme.

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Miedo, ¿por qué? Eso lo he preguntado muchas veces a los que me decían sentirlo. He oído dos clases de respuestas de signo distinto: “Temo no ser feliz” –“Temo no saber hacerle feliz”.

La primera respuesta, también a mí me da miedo. Ése o ésa aún está pensando en sí mismo. Mal camino.

La segunda razón es una gozada oírla. Ese novio o esa novia, ya no piensa en sí, sino en el otro. Y eso es una garantía.

Empezamos a ser un poco felices en este mundo cuando nos olvidamos de serlo, para preocuparnos y ocuparnos en hacer felices a quienes están a nuestro lado.

La felicidad nunca se encuentra cuando se busca. Se encuentra cuando se da.

Agustín Filgueiras Pita,

Orar con… Un pan para cada día, (Bilbao 2004).

V. Continuaré, Oh Dios mío

R. ¡Haciendo todas mis acciones por tu amor!

V. San Juan Bautista de la Salle

R. ¡Ruega por nosotros!

V. Viva Jesús en nuestros corazones

R. ¡Por siempre!

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