Comentario al Evangelio del 28 de septiembre

Lunes XXVI Semana

Tiempo Ordinario

28 de Septiembre de 2020

San Lorenzo Ruíz y Compañeros Mártires

Evangelio

El más pequeño entre todos ustedes, ese es el más grande.

+ Del santo Evangelio según san Lucas 9, 46-50

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos.

Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: “El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ese es el más grande”.

Entonces, Juan le dijo: “Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros”. Pero Jesús respondió: “No se lo prohíban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes”.

Comentario al Evangelio

En este fragmento del Evangelio de San Lucas encontramos un camino de sencillez que sirvió a grandes satos para encontrarse con Dios. Tal es el ejemplo de Santa Teresita del Niños Jesús, Doctora de la Iglesia, que murió a los 21 años y que nos impulsó a vivir la “infancia espiritual”, es decir, vivir con la sencillez de un pequeño que se siente necesitado de la mano de una madre, además de que es amante de la verdad y sabe perdonar. Por eso Jesús no dudó en decir: “El más pequeño entre todos ustedes, ese es el más grande”.

Reflexionamos

· ¿De qué cosas hablas normalmente?

· ¿Es algo que te ayude y te lleve a Dios?

· ¿Cómo vives la humildad en tu vida cotidiana y en las relaciones con los demás?

Nos comprometemos

Fidelidad: De aquí se desprende que ser fiel a alguien no significa estar «encadenado» a él. Esta es la impresión que produce la fidelidad cuando se le malentiende como un mero «aguantar» o «dejarse dominar».

Dominar y ser dominado son relaciones que acontecen en el plano de los objetos, y la fidelidad se da en el plano de las realidades personales.

Gustavo Villapalos y Alfonso López,

(El libro de los valores, 2001).

Historia de una lealtad recompensada

II. EL RICO DEL PUEBLO

Noemí tenía, por parte de su marido, un pariente de muy buena posición llamado Boaz, de la familia de Elimélec.

Rut la moabita, dijo a Noemí: Déjame ir al campo, a espigar donde me admitan por caridad.

Noemí le respondió: Anda, hija.

Se marchó y fue a espigar en las tierras, siguiendo a los segadores. Fue a parar a una de las tierras de Boaz, de la familia de Elimélec, y, en aquel momento llegaba él de Belén y saludó a los segadores: ¡A la paz de Dios!

Respondieron: ¡Dios te bendiga!

Luego preguntó al mayoral: ¿De quién es esa chica?

El mayoral respondió: es una chica moabita, la que vino con Noemí de la campiña de Moab.

Me dijo que la dejase espigar detrás de los segadores hasta juntar unas gavillas; desde que llegó por la mañana ha estado en pie hasta ahora, sin parar un momento.

Entonces Boaz dijo a Rut: Escucha, hija. No vayas a espigar a otra parte, no te vayas de aquí ni te alejes de mis tierras. Fíjate en que tierra siegan los hombres y sigue a las espigadoras. Dejo dicho a mis criados que no te molesten. Cuando tengas sed, vete a donde los botijos y bebe de lo que saquen los criados.

Rut se echó, se postró ante él por tierra y le dijo: Yo soy una forastera, ¿por qué te he caído en gracia y te has interesado por mí?

Boaz respondió: me han contado todo lo que hiciste por tu suegra después que murió tu marido: que dejaste a tus padres y tu pueblo natal y has venido a vivir con gente desconocida. El Señor te pague esta buena acción. El Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces.

Ella dijo: Ojalá sepa yo agradecerte, Señor; me has tranquilizado y has llegado al corazón de tu servidora, aunque no soy ni una criada tuya.

Cuando llegó la hora de comer, Boaz le dijo: Acércate, coge pan y moja la rebanada en la salsa. Ella se sentó junto a los segadores, y él le ofreció grano tostado. Rut comió hasta quedar satisfecha, y todavía le sobró.

Rut 2, 1-15

San Lorenzo Ruíz y Compañeros Mártires

En el siglo XVII, en la ciudad de Nagasaki, en Japón, dieciséis mártires derramaron su sangre por Cristo. Era un grupo formado por misioneros provenientes de Europa y de Asia, que en diferentes años y circunstancias predicaron la fe cristiana en las Islas Filipinas, Formosa y Japón. En una forma maravillosa manifestaron la universalidad de la fe cristiana, y con el ejemplo de su vida y de su muerte esparcieron la semilla para los futuros trabajos misionales de la Iglesia.

V. Continuaré, Oh Dios mío

R. ¡Haciendo todas mis acciones por tu amor!

V. San Juan Bautista de la Salle

R. ¡Ruega por nosotros!

V. Viva Jesús en nuestros corazones

R. ¡Por siempre!

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