Comentario al Evangelio del 20 de octubre

Martes XXIX Semana

Tiempo Ordinario

20 de Octubre de 2020

Evangelio

Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela.

+ Del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque.

Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y Él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos”.

Comentario al Evangelio

El evangelista Lucas nos invita a estar listos para poder ser dichosos. La parábola que emplea tiene numerosos ejemplos que nos ayudan a comprender de la mejor manera la tarea que tenemos encomendada, para que haciendo la parte que nos toca podamos pasar a ser señores de la casa: Su señor… “los hará sentar a la mesa y Él mismo les servirá”. Es el premio a la vigilancia activa y esperanzadora.

Reflexionamos

· ¿Cómo te encuentras en este momento?

· ¿Dónde te colocaría el Señor?

· ¿Eres dichoso?

Nos comprometemos

Amabilidad: Con razón Tito, el emperador romano, consideraba perdido el día en que no había hecho ninguna buena obra: «Amici, diem perdidi» (¡amigos, he perdido el día!).

En aparente paradoja, la vida la gana el hombre cuando la entrega y la pone al servicio del bien de todos, no exclusivamente del propio. Es ésta una ley de la vida humana, no sólo un precepto de las morales altruistas.

Gustavo Villapalos y Alfonso López,

El libro de los valores,Ed. Planeta, 2001.

La Bondad incondicional

Acoger a una persona convertida en un despojo es un rasgo de amor absoluto, ab-soluto, desligado de todo interés. Es la bondad ejercida sin condiciones.

La cosecha

Las ramas de los árboles que bordeaban el camino se doblaban, doloridas, ante el peso de tanta flor.

De lejos, llegaban flotando en el cálido aire primaveral las notas alegres de una fiesta de las flores.

En lo alto del cielo, la luna llena observaba las sombras del pueblo silencioso.

El joven asceta paseaba por la calle solitaria, mientras sobre los cuclillos enamorados lanzaban desde las ramas del mango su queja desvelada. Upagupta atravesó las puertas de la ciudad y se detuvo en la base del torreón. ¿Quién era aquella mujer tendida al pie de la muralla? Abatida por la peste negra, el cuerpo cubierto de llagas, había sido arrojada de la ciudad.

El asceta se sentó a su lado, apoyó la cabeza, humedeció con agua sus labios y untó de bálsamo su cuerpo hinchado.

-¿Quién eres, que así te compadeces? –preguntó la mujer.

-Ha llegado la hora en que debí visitarte, y aquí me tienes a tu lado –contestó el joven asceta.

Rabindranath Tagore,

Obras completas,vol. 3, Edicomunicación, 1986.

V. Continuaré, Oh Dios mío

R. ¡Haciendo todas mis acciones por tu amor!

V. San Juan Bautista de la Salle

R. ¡Ruega por nosotros!

V. Viva Jesús en nuestros corazones

R. ¡Por siempre!

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