Comentario al Evangelio del 20 de noviembre

Viernes XXXIII Semana

Tiempo Ordinario

20 de Noviembre de 2020

Aniversario de la Dedicación de la Iglesia Catedral

Diócesis de Nezahualcóyol


Evangelio


Ustedes han convertido la casa de Dios en cueva de ladrones


+ Del santo Evangelio según san Lucas 19, 45-48


Aquel día, Jesús entró en el templo y comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban allí, diciéndoles: “Está escrito: Mi casa es casa de oración; pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones”.


Jesús enseñaba todos los días en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los jefes del pueblo, intentaban matarlo, pero no encontraban cómo hacerlo, porque todo el pueblo estaba pendiente de sus palabras.


Comentario al Evangelio


Jesús ha llegado a Jerusalén, recordemos su llanto del día de ayer al ver la ciudad desde fuera. Hoy realiza un gesto muy significativo: “entró en el templo y comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban allí”. Jesús reclama que la Casa del Señor es un lugar de encuentro con Dios y con los hermanos, evitando todo aquello que puede dificultar ese encuentro, como el mal uso de los bienes materiales y económicos.

Cfr. Actualidad Litúrgica n. 253.


Reflexionamos


· ¿Cómo es tu respeto a la Casa de Dios?

· ¿Dónde encuentras a Dios?

· ¿Tu vida es templo de Dios o un mercado?


Nos comprometemos


Agradecimiento: Cuando uno hace la experiencia viva del enigma de la propia existencia, de lo incomprensible y desbordante que es el hecho mismo de que uno exista, y que entorno haya un


universo impresionante en lo más pequeño y en lo más grande, comprende que todo es un don, una gracia, un obsequio gratuito, y tal gratuidad mueve a la correspondencia.


Gustavo Villapalos y Alfonso López,

El libro de los valores, Ed. Planeta, 2001.



Agradecimiento a los maestros II


Ámalo porque tu padre lo ama y lo respeta; porque él consagra su vida al bien de tantos muchachos que lo olvidarán; ámalo porque te abre e ilumina la inteligencia y te educa el corazón; porque un día, cuando seas hombre y no estemos ya en el mundo ni él ni yo, su imagen se presentará con frecuencia en tu mente al lado de la mía, y entonces, ya verás, has de recordar ciertas expresiones de dolor y de cansancio de su rostro de hombre de bien, en las que ahora no te fijas, y te causarán tristeza de no haberlo querido mucho, de haberte portado mal con él.


Ama a tu maestro, porque pertenece a esa gran familia de cincuenta mil profesores elementales, diseminados por todo el país, porque son como los padres intelectuales de los millones de chicos que contigo crecen; los trabajadores mal comprendidos y mal recompensados que preparan para nuestro país un pueblo mejor que el actual. No estaré satisfecho del cariño que sientes por mí si no lo tienes también a todos los que te hacen el bien, y entre ellos tu maestro es el primero después de tus padres.


Ámalo como amarías a un hermano mío; ámalo cuando es justo y cuando te parece que es injusto, ámalo cuando está alegre y afable, y ámalo todavía más cuando lo veas triste. Ámalo siempre. Y pronuncia siempre con reverencia este nombre «maestro» que, después del padre, es el más noble, el más dulce nombre que pueda dar un hombre a otro hombre.

Tu padre


Edmundo de Amicis, Corazón, Alianza Editorial, 1984.




V. Continuaré, Oh Dios mío

R. ¡Haciendo todas mis acciones por tu amor!


V. San Juan Bautista de la Salle

R. ¡Ruega por nosotros!


V. Viva Jesús en nuestros corazones

R. ¡Por siempre!

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