Comentario al Evangelio del 13 de octubre

Martes XXVIII Semana

Tiempo Ordinario

13 de Octubre de 2020

Evangelio

Den limosna, y todo lo de ustedes quedará limpio

+ Del santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41

En aquél tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.

Pero el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio”.

Comentario al Evangelio

Sigue el viaje de Jesús hacia Jerusalén y el evangelista Lucas sitúa en este contexto una serie de recomendaciones y diversos episodios. En los próximos días escucharemos duras sentencias hacia los fariseos, cumplidores de la ley y deseos de agradar a Dios en todo, pero tenían el peligro de poner todo su empeño en lo exterior, de cuidar las apariencias, de sentirse demasiado satisfechos de su propia santidad. Por eso Jesús desea hacerlos reflexionar a fin de que puedan cambiar.

Cfr. Actualidad Litúrgica, n. 252.

Reflexionamos

· ¿Qué tanta importancia das a tu imagen externa?

· ¿Te preocupas por transformar tu interior?

· ¿Cuál es la verdadera belleza que agrada a Dios?

Nos comprometemos

Amabilidad: La amabilidad (voz derivada del verbo latino amare, amar) es una actitud de acogimiento inspirada por el amor. El amor suscita respeto, en el sentido profundo de estima del valor que alberga cada persona sencillamente por serlo.

Gustavo Villapalos y Alfonso López,

(El libro de los valores, 2001).

La bondad transfigura el modo de ver y sentir

El espíritu poético sabe tratar las realidades del entorno con el respeto y la estima que se merecen las realidades que son capaces de ofrecernos posibilidades de vida: la vereda, el río, el bosque… Cuando se trata de un animal doméstico, la estima y el respeto se truecan en bondad: Juan Ramón Jiménez trata a Platero «cual si fuese un niño». Es un arte de mirar y de ver que transfigura la realidad y cambia la propia vida.

Nos entendemos bien. Yo le dejo ir a su antojo, y él me lleva siempre adonde quiero.

Sabe Platero que, al llegar al pino de la Corona, me gusta acercarme a su tronco y acariciárselo, y mirar el cielo a través de su enorme y clara copa; sabe que me deleita la veredilla que va, entre céspedes, a la Fuente vieja; que es para mí una fiesta ver el río desde la colina de los pinos, evocadora, con su bosquecillo alto, de parajes clásicos. Como me adormile, seguro, sobre él, mi despertar se abre siempre a uno de tales amables espectáculos.

Yo trato a Platero cual si fuese un niño. Si el camino se torna fragoso y le pesa un poco, me bajo para aliviarlo. Lo beso, lo engaño, lo hago rabiar… Él comprende bien que lo quiero, y no me guarda rencor. Es tan igual a mí, tan diferente a los demás, que he llegado a creer que sueña mis propios sueños.

Platero se me ha rendido como una adolescente apasionada. De nada protesta. Sé que soy su felicidad. Hasta huye de los burros y de los hombres…

Juan Ramón Jiménez, (Platero y yo, 1981).

V. Continuaré, Oh Dios mío

R. ¡Haciendo todas mis acciones por tu amor!

V. San Juan Bautista de la Salle

R. ¡Ruega por nosotros!

V. Viva Jesús en nuestros corazones

R. ¡Por siempre!

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