Comentario al Evangelio del 10 de junio

Miércoles X Semana

Tiempo Ordinario

10 de Junio de 2020

Evangelio

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud

+ Del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.

Comentario al Evangelio

Este fragmento del Evangelio de san Mateo pone de manifiesto la plenitud del Antiguo Testamento que Jesús llevó a cabo con su llegada. Jesús se refiere al Antiguo Testamento sin desautorizarlo, invitando a dar un paso más en la fe, en la vida y en las obras. Nos presenta una perspectiva nueva, más amplia, elevada y comprometedora de manera personal y nos invita a caminar junto a Él para entrar en ese Reino prometido para aquél que esté dispuesto a salir de sí mismo.

Cfr. Actualidad Litúrgica n. 274.

Reflexionamos

· ¿Qué tan creativo eres?

· ¿Aceptas los consejos o correcciones por parte de otras personas?

· ¿Estás dispuesto a sacrificar tus propios proyectos por seguir a Jesús?

Nos comprometemos

Humildad: La humildad es la condición previa para tener experiencia de Dios. Sin humildad, siempre corro el peligro de acaparar a Dios para mí. La humildad evita que nos consideremos, con nuestra espiritualidad, superiores a los demás.

La humildad nos mantiene con los pies en el suelo, da a nuestra vida adherencia a la tierra. Y sólo quien tiene los pies en el suelo posee firmeza.

Anselm Grün, El libro de los valores, 2007.

La ambición nos aleja de los demás

El egoísmo inspira la actitud ambiciosa, y la ambición nos polariza en torno a nuestros propios intereses, nos enceguece para las necesidades de los demás.

Cierto día, hace de esto muchísimos años, un comerciante muy rico y avariento acudió a un sacerdote viejo y sabio en busca de consejo y enseñanza. Éste lo llevó ante una ventana:

-Mira a través de este vidrio y dime qué ves –le dijo.

-Gente –contestó el rico.

Luego lo condujo ante un espejo, y le preguntó:

-¿Qué ves ahora?

-Me veo a mí mismo –le contestó al instante el avaro.

-He ahí, hermano –le dijo entonces el santo varón-, que en la ventana hay un vidrio y en el espejo también. Pero ocurre que el vidrio del espejo está cubierto con un poquito de plata, y en cuanto hay un poco de plata de por medio dejamos de ver a los demás y sólo nos vemos a nosotros mismos.

El tesoro de la juventud, (Éxito, Barcelona, 1965, vol. VIII).

V. Continuaré, Oh Dios mío

R. ¡Haciendo todas mis acciones por tu amor!

V. San Juan Bautista de la Salle

R. ¡Ruega por nosotros!

V. Viva Jesús en nuestros corazones

R. ¡Por siempre!

  • Blanca Facebook Icono
  • Blanco Icono de Instagram
  • Twitter Icono blanco
  • Blanco Icono de YouTube

® Universidad La Salle Nezahualcóyotl