Comentario al Evangelio del 09 de septiembre

Miércoles XXIII Semana

Tiempo Ordinario

9 de Septiembre de 2020

Evangelio

Dichosos los pobres. - ¡Ay de ustedes, los ricos!

+ Del santo Evangelio según san Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo: “Dichosos ustedes, los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Dichosos ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes, los que lloran ahora, porque al fin reirán.

Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.

Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!”.


Comentario al Evangelio

Hoy comenzamos el discurso de las “bienaventuranzas”, propio de Lucas. Encontramos cuatro pares de bienaventuranzas-maldiciones, la primera reúne a todas las demás: hambre, llanto, persecución, son formas de pobreza; como hartura, risa y alabanza son aspectos que hablan de riqueza. Los papeles serán invertidos y a los pobres les será dado el Reino de los cielos, según la enseñanza de los profetas y a los hambrientos se les promete un lugar en el banquete escatológico, en el banquete futuro; de igual manera, a quien llora en la angustia, se le asegura la alegría. Es un mensaje lleno de esperanza y confianza.

Reflexionamos

· ¿En cuál de estos grupos te encuentras?

· ¿Cómo asumes los obstáculos y las dificultades?

· ¿Cuántos “ay” de Jesús resuenan en ti?

Nos comprometemos

Alabar: Alabar correctamente es un arte. En efecto, hay una alabanza que no hace bien al ser humano. El filósofo y poeta judío Selomoh ibn Gabirol afirma: «Desconfía de quien dice de ti algo bueno que no hay en ti». Cuando la alabanza se convierte en un fin absoluto o cuando el otro sólo quiere adularme con su alabanza, entonces no me hace bien. Cuando alguien alaba en mí algo que yo no percibo, es porque tienen otros objetivos. Su alabanza quiere utilizarme.

Anselm Grün,

El libro de los valores, Santander 2007.

Milagros sí, pero…

Un pequeño, de unos nueve años, acompaña a su madre a hacer una visita al Señor. La madre observa que su hijo, arrodillado en un banco, reza con inusitada atención. Extrañada de su recogimiento, le pregunta:

-Juan, ¿qué le estás pidiendo a Jesús con tanto interés?

-Le pido que Berlín sea la capital de Irlanda, como puse hoy en el examen.

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Está bien pedir milagros, pero sin pasarse.

De todas formas, la oración de ese niño es el fiel reflejo de muchas oraciones nuestras: queremos y pedimos a Dios que arregle lo que nosotros hemos desarreglado. No pedimos el milagro de que yo me esfuerce y estudie en serio. Nos gusta más otro tipo de milagros: que arregle la chapuza de mi examen.

¡Cuántos cristianos imaginan a Dios como un gran fontanero!

Agustín Filgueiras Pita,

Orar con… Un pan para cada día, Bilbao 2004.

V. Continuaré, Oh Dios mío

R. ¡Haciendo todas mis acciones por tu amor!

V. San Juan Bautista de la Salle

R. ¡Ruega por nosotros!

V. Viva Jesús en nuestros corazones

R. ¡Por siempre!

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