Comentario al Evangelio del 07 de agosto

Viernes XVIII Semana

Tiempo Ordinario

07 de Agosto de 2020

Evangelio

¿Qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

+ Del santo Evangelio según san Mateo 16, 24-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras.

Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto primero llegar al Hijo del hombre como rey”.

Comentario al Evangelio

El fragmento del Evangelio de hoy nos habla del seguimiento a Cristo Jesús, comprender sus consejos y seguirlos. No es un camino sencillo e implica “llevar la cruz”, saliendo de nosotros mismos. Jesús nos da ejemplo de cómo recorrer ese camino de renuncia y de cruz. Ciertamente, puede resultarnos duro el camino dela fe y la vida cristiana, pero no debe sorprendernos, ya que Jesús mismo nos lo ha advertido. Ojalá podamos la cruz de cada día y seguirlo.

Cfr. Actualidad Litúrgica, n. 257.

Reflexionamos

· ¿Quieres seguir a Jesús?

· ¿Qué estás dispuesto a hacer por Él?

· ¿Ganar el mundo o perder tu vida?

Nos comprometemos

Riqueza: Todos deseamos ser ricos. Muchas personas piensan en la riqueza externa, en tener muchas posesiones y una gran fortuna. Jesús previno continuamente contra esa riqueza. El Evangelio de Lucas exhorta a los ricos a compartir sus bienes con otros. En este gesto se concreta para Lucas la exhortación de Jesús al amor a los enemigos y la misericordia.

Anselm Grün,

El libro de los valores, Santander 2007.

El fruto es eterno

Era una mujer de unos 53 años, enferma de cáncer y perfectamente consciente de su enfermedad. Se enteró de que a otra amiga suya le habían diagnosticado la misma enfermedad.

Ante esa noticia le mandó un recado por una amiga común:

-Dile que aproveche el tesoro que tiene. Que la enfermedad y el dolor se pasan, se acaban, pero el fruto, el premio, la recompensa, es para siempre, para toda la eternidad.

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“Estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se ha de manifestar en nosotros” (Rom. 8, 18).

Qué estimulante y consoladora resulta esa visión del dolor y de la dificultad: “el dolor se pasa, se acaba, pero el fruto dura”. Después de los sufrimientos, la Gloria.

¡Bendita fe!

Agustín Filgueiras Pita,

Orar con… Un pan para cada día, Bilbao 2004.

V. Continuaré, Oh Dios mío

R. ¡Haciendo todas mis acciones por tu amor!

V. San Juan Bautista de la Salle

R. ¡Ruega por nosotros!

V. Viva Jesús en nuestros corazones

R. ¡Por siempre!

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